lunes, 25 de junio de 2012



Hay muchos días en los que uno amanece con cierto gusto extraño. Se amanece sano, pero con una consistencia distinta. Las horas pasan en la oficina y uno no entiende realmente lo que se está cociendo en la cocina. La realidad escanea tu día y te da un resultado que parecería ser positivo,
y una nueva era empieza.
Siempre me cuestioné el hecho de la música, ese evento efímero e instantáneo. Siempre supe que esos cuestionamientos no llegarían a nada, eso si, me traen siempre nuevos gustos a la boca y a la piel, y un día que otro me defraudan. pero lo cierto es que siempre dan ganas de seguir con el itinerario volátil  de los sonidos. La materialización es una mierda. Pero solo así se puede compartir la idea cultural de un concepto artístico, con lo cual ya estaríamos hablando de una mierda convenida en abono natural y por lo mucho, bastante efectivo para millones de casos.
El libre impacto de las ideas juegan con la sutilidad del canto en la dermis, por lo menos yo lo he venido sintiendo así, y es así como he medido hasta el día de hoy el grado de profundidad de un itinerario organizado.
De buena manera, la forma cesa su rutina semanalmente, una vez por semana, al rendirle el culto oculto a la nada. Y se aferra al sentimiento eterno de la contemplación irónica. Esto quiere decir, sencillamente, observar el mas allá mirando un punto fijo, sin ningún sentido específico. De hecho, esto debería suceder de una manera siempre elegante, que es una cosa muy difícil de conseguir y que requiere por lo menos varias decenas de años en perfeccionar. La mayoría de gente lo hace. La mayoría de gente lo hace mal.
Incluso un tema como el de la seguridad en el entorno curiosamente laboral, es decidida la mayoría de veces por un buen motivo crítico y de mercado. El que sueña pierde, pues debe dormir para hacerlo. El que actúa el pensamiento gana el premio al buen rendimiento. (desp).

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